top of page

Entrevista en La Jornada Zacatecas

  • hace 4 días
  • 7 Min. de lectura


Carlos Calles: La tragedia es una oportunidad para reír, burlarse y desahogar las propias penas



¿Quiénes serían las cinco personas que sin falta acudirían a tu funeral? Ésta es una de las preguntas que Dante, traductor y activista, se hace en plena crisis por la muerte de su esposa, una muerte de la cual es sospechoso.


Este suceso desencadena una búsqueda, la de Dante para descubrir quién es sin las estrictas normas de convivencia y proyectos de vida de su esposa, pero también un road trip para encontrar la verdadera cara del amor entre los rostros de todas las mujeres de su pasado y a los amigos que marcaron la vida en algún momento y así poder llenar esos cinco lugares en la lista.

Carlos Calles, un narrador de gran finura y sentido del humor, nos hace cuestionarnos que si la soledad, la incertidumbre frente al futuro, pero también frente a lo que somos, es el Síntoma, ¿cuál será entonces la enfermedad? Y no menos importante, ¿nosotros también la padecemos? 

Además de su novela Síntoma, Carlos estará promocionando este año Daltónico, obra con la que obtuvo el Premio Bellas Artes de Novela José Rubén Romero 2023, para conocer más sobre él o comprar sus libros visiten su sitio donde podrán descargar uno de sus libros de manera gratuita. (1) 


Beatriz Pérez Pereda: Recientemente salió publicada tu novela Síntoma, en Editorial An.alfa.beta, cuéntale un poco a los lectores cómo surgió esta novela, a partir de qué circunstancias sentiste el deseo de escribirla. 


Carlos Calles: Síntoma nace de la frustración, de la incomodidad de habitar una ciudad como Monterrey: el tráfico absurdo, la ausencia de áreas verdes, la claustrofobia de vivir entre montañas. También surge de la soledad. Como sabes, escribir es una actividad solitaria. Dante, el protagonista de la novela, ciudadano de Monterrey, es traductor y escritor, y busca la soledad, aunque al mismo tiempo le teme. Todo esto se intensifica cuando fallece su esposa, Briseida. Ella era quien organizaba la vida de Dante y, además, se sugiere que tenía un trastorno obsesivo compulsivo, por lo que las reglas en casa, y en sus vidas, eran muy estrictas. Ahora sin Briseida, la soledad y la ciudad, que funciona como agente opresor, asfixian a Dante. 


Por otro lado, la novela está llena de imágenes de muerte. Sin embargo, contrario a lo que se podría adivinar, la novela es casi una comedia. La ironía, el cinismo en la mirada de Dante, y un poco su estupidez, convierten la desgracia en una tragicomedia. Me parece que esta manera de ver la realidad es común entre los mexicanos: la tragedia es una oportunidad para reír, burlarse y desahogar las propias penas. Sin embargo, llega un momento en que todo se desborda y entra una frustración existencial. Conocemos a Dante justo en ese instante en el que la realidad se vuelve intolerable y el suicidio parece la mejor opción. Cuando empecé a escribir la novela, recién había superado una situación emocional bastante complicada, aunque insignificante en comparación con lo que experimenta el protagonista de Síntoma


BPP: Tal vez algunos lectores te conozcan mejor por tu faceta como escritor de literatura juvenil, con títulos como Galileo-kun o Vamperro, ¿cómo es tu proceso creativo de un género a otro, cómo desarrollas una historia para un público infantil o juvenil, y si el proceso cambia, y de qué manera, cuando tu público lector son adultos?


CC: Son procesos similares. Lo único que cambia, desde mi perspectiva, es el nivel de oscuridad al alcance de los lectores. Es decir, en mis novelas juveniles la maldad, la decepción y el desencanto están cerca, rodean a los personajes, pero nunca terminan por abrumarlos. Un suicidio se sugiere, una matanza se menciona. O si se muestra, siempre hay un contrapeso que da esperanza y abre una ventana por donde la luz puede colarse. 


O tal vez no. Cada libro es diferente, aunque de pronto me da la impresión de que siempre escribo la misma novela. Esto ya se lo había escuchado decir a otros escritores, aunque no lo entendía. Quizá parecen la misma porque los sentimientos que detonan las historias son similares: casi siempre la soledad o la necesidad de brillar desde un lugar oscuro. 


Mi mayor temor con las novelas juveniles que me han publicado es que alguien las lea y opine lo que yo ya sé: que es la misma historia o que, en el fondo, a los personajes los motiva lo mismo. Tal vez es inevitable: el espacio y las circunstancias cambian, pero el espíritu se comparte. 


Lo mismo con las novelas para adultos. A Síntoma, Daltónico y Escaleras les llamo, en mi cabeza, la trilogía de Monterrey, aunque no están relacionadas entre sí. Para mi próxima novela, aunque desde la planeación ya luce distinta, creo que transformará la trilogía en tetralogía. Aun así, estoy casi seguro de que es una impresión mía. Los cuatro protagonistas, si bien en diferentes circunstancias, son personas solitarias, observadoras, que se sienten personajes secundarios de sus propias vidas. Así es el tipo de personaje que me nace construir sin proponérmelo. No sé si eso dice algo sobre mí.


Por otra parte, en la literatura infantil no tengo mucha experiencia, tan solo he escrito Vamperro, pero tengo otra planeada para empezar a escribirla este 2026. 


BPP: Ser escritor en México tiene muchos desafíos, y aunque eres un escritor premiado, por ejemplo, en 2023 recibiste una de las mayores distinciones literarias del país, el Premio Bellas Artes de Novela José Rubén Romero, estoy segura de que has vivido varios retos, háblanos un poco de cuáles han sido los más difíciles en tu trayectoria.


CC: Me vienen dos casos a la mente. El primero fue durante la pandemia. Tenía una novela juvenil en revisión con Editorial Planeta. Venía bien recomendada y me dieron esperanzas. A mediados de 2020, la editora desapareció. Su correo me regresaba mensajes de error: ya no existía la dirección electrónica. Meses después, me enteré de que habían despedido a parte del ejército de editores. Y mi novela quedó en el limbo. Otras editoriales que contacté me dijeron que habían pasado de publicar treinta libros al año a solamente quince. En otra me confesaron que el plan era enfocarse en publicar a los autores de casa, ya bien posicionados en el mercado. Las voces con menos experiencia podían sentirse afortunadas de recibir un correo de rechazo. Esta situación, estoy seguro, no fue exclusiva de México, pero sí fue un reflejo de nuestro mercado tan particular. 


Por otro lado, a diferencia de otros (pocos) autores, no vivo exclusivamente de la escritura. Esto implica robar tiempo a otras actividades para escribir. Soy profesor, me va bien, me gusta dar clases. Sin embargo, aunque mis clases sean de literatura o de lenguaje, dar clases no es escribir. A veces el tráfico, ir por unos tacos, tomar un par de negronis en un bar, ir a un museo, estar con la familia, todas esas actividades, a veces, son escribir. La chamba drena y es fuente de otras satisfacciones, pero nunca es escribir. A veces me salto la comida, conecto los audífonos y trabajo en una escaleta o reviso media página. A veces converso sobre libros con estudiantes o con algún colega. Pero eso no es escribir. Y es frustrante. Me gusta mi trabajo (hola, jefa), pero de lunes a viernes voy en el tráfico y pienso cómo todos a mi alrededor nos dirigimos hacia donde está el dinero, no hacia donde está la verdadera felicidad. 

 

BPP: Actualmente estás promocionando tu novela Síntoma, cuéntanos si tienes algún evento en puerta, dónde se puede conseguir la novela, y también qué sigue después de esta novela, si ya estás escribiendo otro proyecto, si por ahora sólo estás leyendo…


CC: Síntoma la estaré presentando en la Feria del Libro UANLeer, en Monterrey, durante los primeros días de marzo, y también en el Tec de Monterrey campus Monterrey, en una fecha por definir. Se consigue en línea a través de Mercado Libre y en las librerías donde la editorial An.alfa.beta distribuye.

Este 2026 inició con la publicación de otra novela, Daltónico, que ya mencioné antes como parte de mi trilogía de Monterrey. Con Daltónico gané el Premio Bellas Artes de Novela José Rubén Romero en 2023. La publican el INBAL y la Universidad Autónoma de Nuevo León. También hay varios eventos en puerta y a lo largo del año. Daltónico es una novela sobre las complejidades de ser padre, aunque también habla sobre el fracaso y la soledad. El protagonista es Charlie, un extenista de clase mundial que, me parece, es un gran tipo, pero se enfrenta con el hecho de que lo criaron para ser tenista profesional, no para ser papá ni para llevar una vida normal. 


En cuanto a otros proyectos, estoy terminando el primer borrador de una novela juvenil y ajustando dos escaletas: una para novela infantil y otra para novela literaria (adultos). Estos dos nuevos proyectos, los que surjan de las escaletas, me entusiasman mucho. Después de mi primera novela para público infantil, ya me siento listo para la siguiente. Y la otra novela, a la que de momento llamo “Fortuna”, aunque no es el título, me está gustando mucho. Aborda temas sociales poco mencionados, pero que en unos cinco años van a estar en boca de todos. No soy adivino y la novela no es ciencia ficción, para nada, simplemente es una lectura del mundo que, me parece, resultará bastante precisa. 

Y me entusiasma porque, ya que mencionas las lecturas, hace dos años descubrí que me gustan los westerns. Los que más disfruto son aquéllos donde, en apariencia, no pasa nada. Los westerns en general, sobre todo los que no se enfocan tanto en la acción sino en la caracterización, por ejemplo, Lonesome Dove, de Larry McMurtry, son así. Unos tipos quieren llevar ganado de Texas a Montana. Cruzan la frontera y roban unas vacas de un rancho en Coahuila. Regresan a Texas, nadie cree que puedan lograr el viaje al norte y ellos se empeñan en demostrarles lo contrario. Y el texto se disfraza de novela de aventuras, aunque en realidad es una exploración sobre el paso del tiempo, la soledad o la valentía cuando el fin está cerca. Quiero que “Fortuna” sea similar en ese sentido, que detrás de una calma superficial el mundo esté a nada de explotar. 


Sobre el autor:Carlos Calles estudió Letras inglesas en la Universidad Católica de Chile y la maestría en Estudios Humanísticos en el Tec de Monterrey. Es Premio Bellas Artes de Novela José Rubén Romero (2023) y Premio Nuevo León de Literatura (2018). En 2014 y 2022 obtuvo la beca del Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico (PECDA). Ha colaborado con Milenio, Grupo Reforma, Revista Tierra Adentro, entre otros medios nacionales. Actualmente es profesor en la PrepaTec Valle Alto y editor de publicaciones de Stanford University. Ha publicado las novelas:​ Síntoma (An.alfa.beta, 2025), Daltónico, Premio Bellas Artes de Novela “José Rubén Romero” (INBAL / UANL, 2025), Vamperro Novela infantil (IEEPCNL, 2024), Galileo-kun. El ejército invisible (edebé, 2024), Galileo-kun. Señales de los últimos días (edebé, 2023), Escaleras, Premio Nuevo León de Literatura (CONARTE, 2019), entre otras. 





 
 
 

Comentarios


Posts Recientes
 
Archivos
Tags
bottom of page